

DESDE LA VENTANILLA DEL TREN ¡Oh, tierra, oh, tierra! ¡Oh, mi tierra mía!... ¡Oh, tierna mañana, nacida con dulces risas!... Verdes maizales, montes, viejos caseríos manzanos que el rojo fruto abruma: Todo velado por una tenue niebla, todo dorado por el sol... Labrador, parecido a un gigante erguido sobre la heredad: ¡dichoso tú! Por tu orilla mi patria de deseo corre locamente (y yo en él) el tren... ¡Oh, tierra mía, ojalá fuese tuyo, y, cultivándote, me saciaras de tu premio!... Mas... no pued...

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