

Hace muchos años, cuando vivía en Cajamarca, Gregorio, mi padre, era un hombre de 54 años que trabajó en minería casi toda su vida hasta que se jubiló y se dedicó a la chacra. Nuestra familia, Los Quispe, éramos conocidos por poseer una de la más grandes chacras de maíz morado y teníamos la tradición de contar historias de terror reales después de terminar nuestras labores en la chacra. Una de esas historias que se repetía mil y un veces es la del Muki, un duende minero que habita en minas aband...






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